La Misión Evangelística Mexicana es una iglesia Metodista Evangélica, se distingue por la doctrina de santidad que profesa. Nos identificamos como Arminio-Wesleyanos.


ARTICULOS DE FE

de la disciplina de Memar.



1. DE FE DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo ni partes, de infinito poder, sabiduría y bondad; creador y

conservador de todas las cosas, así visibles como invisibles. Y en la unidad de esta Deidad hay tres personas, de una misma substancia poder y eternidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.


2.DEL VERBO, O HIJO DE DIOS, QUE FUE HECHO VERDADERO HOMBRE.

El Hijo, quien es el Verbo del Padre, verdadero y eterno Dios, de una misma substancia con el Padre, tomó la naturaleza

humana en el seno de la bendita virgen María; de manera que las dos naturalezas enteras y perfectas, a saber, la divina y

la Humana, se unieron juntamente en una persona, para no ser jamás separadas, de lo que resultó un solo Cristo, verdadero

Dios y verdadero Hombre, que realmente padeció, fue crucificado, muerto y sepultado, para reconciliarnos con su Padre

y ser sacrificado,  no solamente por la culpa original, sino también por los pecados actuales de los hombres.


3. DE LA RESURRECCION DE CRISTO

Cristo verdaderamente resucitó de entre los muertos, volvió a tomar su cuerpo, con todas las cosas que  pertenecen a la perfección de

la naturaleza humana, con lo cual subió al cielo, y allí está sentado hasta que vuelva para juzgar a todos los hombres en

el último día.


4. DEL ESPIRITU SANTO

El Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, es de una misma substancia, majestad y gloria con el Padre y con el Hijo, verdadero y eterno Dios.


5. DE LA SUFICIENCIA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS PARA SALVACION

Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para la salvación; de modo que no debe exigirse que hombre alguno reciba como articulo de fe, ni considere como requisito necesario para la salvación, nada que en ellas no se lea ni por ellas se pruebe. Bajo el nombre de Sagradas Escrituras comprendemos aquellos libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento, de cuya autoridad nunca ha existido duda alguna en la Iglesia. Recibimos y contamos por canónicos los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo Testamento.

 

6. DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo Testamento, puesto que en ambos, Antiguo y Nuevo, se ofrece la vida eterna al género humano por Cristo, Que es el único Mediador entre Dios y el hombre, siendo él Dios y Hombre. Por lo cual no se debe escuchar a los que pretenden enseñar que los antiguos patriarcas solamente tenían su esperanza puesta en promesas transitorias. Aunque la ley que Dios dio por medio de Moisés, en lo tocante a ceremonias y ritos, no obliga a los cristianos ni deben recibirse necesariamente sus preceptos civiles en ningún estado; no obstante ningún cristiano absolutamente esta exento de la obediencia de los preceptos que se llaman morales.


7. DEL PECADO ORIGINAL O DE NACIMIENTO

El pecado original no consiste, como falsamente aseveran los Pelagianos, en la imitación de Adán, sino que es la corrupción de la naturaleza de todo hombre que es engendrado naturalmente de la estirpe de Adán, por lo cual el hombre dista muchísimo de la justicia original, y es por su misma naturaleza inclinado al mal, y esto es de continuo.


8. DEL LIBRE ALBEDRIO

La condición del hombre después de la caída de Adán es tal que no puede convertirse ni prepararse a si mismo con su fuerza y obras naturales, que la fe e invocación a Dios; por tanto, no tenemos poder para hacer obras buenas, agradables y aceptas a Dios, sin la gracia de Dios por Cristo que nos prevenga para que tengamos buena voluntad, y obre con nosotros cuando tenemos esa buena voluntad.


NOTA EXPLICATORIA. Se entiende que Dios nos ha provisto de libertad para escoger entre el bien y el mal; y por tanto los seres humanos fueron hechos moralmente responsables para escoger el bien gratuitamente otorgado por Dios para salvación, por medio de la fe en Jesucristo.


9. DE LA JUSTICIA DEL HOMBRE

Somos reputados justos delante de Dios solamente por los méritos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, por la fe, y no por nuestras propias obras o merecimientos, por lo tanto es doctrina muy saludable y muy llena de consuelo la de que somos justificados solamente por la fe.


10. DE LAS BUENAS OBRAS

Aunque las buenas obras, que son los frutos de la fe y se siguen a la justificación, no pueden expiar nuestros pecados, ni soportar la severidad del juicio divino, son, no obstante, agradables y aceptas a Dios en Cristo y nacen de una verdadera y viva fe; de manera que por ellas puede conocerse la fe viva tan evidentemente como se juzga el árbol por su fruto.


11. DE LAS OBRAS DE SUPEREROGACION 

Las obras voluntarias no comprendidas en los mandamientos divinos, llamadas obras de supererogación, no pueden enseñarse sin arrogancia e impiedad, porque por ellas declaran los hombres que no solo rinden a Dios todo cuanto están obligados a hacer, sino que por amor de El, hacen más de lo que en deber riguroso les es requerido, siendo así que Cristo claramente dice: "Cuando hubiereis hecho todas las cosas que os están mandadas, decid: “Siervos inútiles somos".


12. DEL PECADO DESPUES DE LA JUSTIFICACION

No todo pecado voluntariamente cometido después de la justificación es pecado contra el Espíritu Santo, e imperdonable. Por lo cual, a los que después de su justificación han caído en pecado no se les debe negar el privilegio del arrepentimiento. Después de que hemos recibido el Espíritu Santo, podemos apartarnos de la gracia concedida y caer en pecado, y eso no obstante, levantarnos por la gracia de Dios, y enmendar nuestra vida Por lo tanto, son de condenar los que dicen que ya no pueden pecar más mientras vivan, o que nieguen a los verdaderamente arrepentidos la posibilidad de perdón.


13. DE LA IGLESIA

La Iglesia visible de Cristo es una congregación de fieles en la cual se Predica la Palabra de Dios, y se administran

debidamente las ordenanzas conforme a la institución de Cristo, en todo aquello que forma parte necesaria y esencial

de los mismos.


14. DEL PURGATORIO

Las doctrinas Romanas concernientes al purgatorio, indulgencias, veneración y adoración, tanto de imágenes como de las reliquias,

y  a la invocación de los santos, son patrañas y puras invenciones que no se fundan en ningún testimonio de las Escrituras, antes bien repugnan a la Palabra de Dios.


15. DEL HABLAR EN LA CONGREGACION EN LENGUA QUE ENTIENDA EL PUEBLO

Ofrecer oración pública en la Iglesia o administrar las ordenanzas en  lengua que el pueblo no entiende, es cosa que evidentemente está en pugna tanto con la Palabra de Dios como con el uso de la Iglesia primitiva. I Corintios 14:1-2.


16. DE LAS ORDENANZAS

Las ordenanzas instituidas por Cristo son no sólo señales o signos de la profesión de los cristianos, sino más bien testimonio seguro de la gracia y buena voluntad de Dios para con nosotros, por los cuales obra El en nosotros visiblemente, y no solo despierta nuestra fe en El, sino que también la fortalece y confirma.

Las ordenanzas instituidas en el Evangelio por Cristo, nuestro Señor, son dos, a saber: el Bautismo y la Cena del Señor. Los cinco comúnmente llamados sacramentos, es decir: la confirmación, la penitencia, el orden sacerdotal, el matrimonio y la extrema unción no deben tenerse por ordenanzas del Evangelio, puesto que han emanado, algunos de ellas, de una imitación viciosa de los Apóstoles,

mientras que otras son estados de vida aprobada en las Escrituras sin que sean de la misma naturaleza que el Bautismo y la Cena del Señor, puesto que carecen de todo signo visible o ceremonia ordenada por Dios.

Las ordenanzas no fueron instituidas por Cristo para servir de espectáculo ni para ser llevadas en procesión, sino para que usemos de ellas debidamente. Y sólo en aquellos que las reciben dignamente producen efecto saludable, mientras que los que las reciben indignamente, adquieren para si condenación como dice San Pablo. (I Corintios 11:29).


17. DEL BAUTISMO EN AGUA

El Bautismo de un creyente no es solamente un signo de profesión o una nota de distinción con la que se diferencian los cristianos de lo no bautizados, sino que es también el signo de la regeneración o renacimiento. La Iglesia permite el bautismo de los párvulos será la decisión de los padres bautizarlo o presentarlo.


18. DE LA CENA DEL SEÑOR

La Cena del Señor no solamente es un signo del amor que los cristianos deben tener unos para con los otros, sino más bien el memorial de nuestra redención por la muerte de Cristo; de modo que, para los que recta y debidamente lo reciben con fe, el pan que partimos es la participación del cuerpo de Cristo, y del mismo modo, la copa de bendición es la participación de la sangre de Cristo. La transubstanciación, o la transmutación de la sustancia del pan y del vino en la Cena de Nuestro Señor, no puede probarse con la Sagrada Escritura, antes bien, esta en pugna con las palabras terminantes de la Santa Biblia, trastorna la naturaleza de las ordenanzas y ha dado ocasión a muchas supersticiones.

El cuerpo y la sangre de Cristo se come y se toma en la Cena del Señor, sólo de un modo celestial y espiritual, y se recibe por medio de la fe y en acción de gracias. 

Cristo no ordenó que la Cena del Señor se reservara, se llevará en procesión, se elevará, ni se adorará.


19. DE LAS DOS ESPECIES

La copa del Señor no debe negarse a los laicos; sino que ambas partes de la Cena del Señor, por institución y mandato de Cristo, deben administrarse igualmente a todos los cristianos.


20. DE LA UNICA OBLACION DE CRISTO CONSUMADA EN LA CRUZ

La oblación de Cristo, una vez hecha, es perfecta redención, propiciación y satisfacción por todos los pecados, así original como actuales de todo el mundo,; y no hay otra satisfacción por el pecado, sino esta únicamente. Por lo tanto, el sacrificio de la misa, en la que se dice comúnmente que el sacerdote ofrece a Cristo en remisión de la pena y de la culpa por los vivos y por los muertos, es fábula blasfema y engaño pernicioso.


21. DEL MATRIMONIO DE LOS MINISTROS

La Ley de Dios no manda a los ministros de Jesucristo vivir en estado de celibato, o abstenerse del matrimonio; les es lícito, pues, como a los demás cristianos, contraer matrimonio a su discreción, si así lo juzgaren conducente a la piedad.


22. DE LOS RITOS Y CEREMONIAS DE LA IGLESIA

No es necesario que los ritos y ceremonias sean en todos lugares los mismos, ni del todo parecidos, puesto que siempre han sido

diferentes, y pueden cambiarse según la diversidad de países, tiempos y costumbres, con tal que nada se establezca contrario a la Palabra de Dios.


23. DEL GOBIERNO CIVIL

En lo concerniente a los asuntos civiles, creemos que es deber de todo cristiano, y especialmente de los ministros, someterse a la autoridad suprema del país en que residen, e infundir por todos los medios loables, obediencia a las autoridades actuales; por lo que es de esperarse que todos los predicadores y miembros de nuestra iglesia que se hallen bajo algún gobierno extranjero se conduzcan como súbditos pacíficos y amantes del orden.


24. DE LOS BIENES DE LOS CRISTIANOS

Las riquezas y los bienes de los cristianos no son comunes en cuanto al derecho, titulo y posesión de los mismos, como falsamente aseveran algunos. Sin embargo, todos deben, de lo que poseen y según sus recursos, dar libremente ayuda a los pobres. 


25. DEL JURAMENTO DEL CRISTIANO

Así como confesamos que Nuestro Señor Jesucristo y Santiago su apóstol, prohiben a los cristianos el juramento vano y temerario, también juzgamos que la religión cristiana no prohibe que se preste juramento a requerimiento del magistrado y en causa de fe y caridad, con tal que se haga según la doctrina del profeta, en justicia, juicio y verdad.


26. AMOR PERFECTO

Amor perfecto es la renovación de nuestra naturaleza caída por medio del Espíritu Santo. Esa obra es recibida por la fe en Cristo Jesús cuya sangre propiciatoria, limpia de todo pecado. Por tal motivo, no solamente somos librados de la culpa del pecado, sino lavados del pecado original, librados de su poder y somos capacitados, por gracia, para amar a Dios con todo nuestro corazón y para andar irreprensibles guardando sus santos mandamientos.

NOTA EXPLICATORIA. La perfección cristiana es un estado de justificación y verdadera santidad que todo creyente regenerado puede obtener. consiste en ser limpiado del pecado, en amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, y con todas las fuerzas. el amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Este estado de amor perfecto se obtiene por gracia y por fe en esta vida. esta bendición puede venir gradual o instantáneamente, aunque por lo general los que profesan la santidad, manifiestan haberla recibido instantáneamente.

Todo hijo de Dios debe buscar con ahínco el crecimiento en la gracia. Esta obra no nos libra de las tentaciones, de las flaquezas, de la ignorancia y de los errores que son comunes en el ser inteligente. Aceptamos como nuestra interpretación doctrinal los sermones de Wesley, sus notas sobre el nuevo testamento, su diario y la obra del mismo autor titulada  “UNA EXPRESION SENCILLA DE LA PERFECCION CRISTIANA”


Reglas generales.


Art. 31.

Tan solo una condición exige previamente a aquellos que solicitan ser admitidos en estas sociedades (Iglesias), y es: “el deseo de huir de la ira venidera y de salvarse de sus pecados” Siempre que esto realmente domine en el alma, se dejará ver por sus frutos, y por lo tanto, debe dar evidencias de su deseo de ocuparse de su salvación.

    a). No haciendo daño, evitando toda clase de mal, particularmente el que se practica como:

        Tomar el nombre de Dios en vano.

        Profanar el día del Señor, ya sea trabajando como en otros días, ya sea comprando o vendiendo.

        La embriaguez o el uso de licores espiritosos o el vicio del cigarro en todas sus formas.

        Reñir, armar contiendas y alborotos llevando el hermano a otro hermano a los tribunales, devolviendo mal por mal, injuria por injuria,

        Regatear injustamente al comprar o vender.

        El comprar o vender efectos que no hayan pagado derechos.

        El dar o tomar cosas con usura, es decir, con intereses no legales.

        Las conversaciones faltas de caridad o frívolas, particularmente la crítica de los magistrados o de los ministros.

        Hacer a los demás lo que no quisiéramos que ellos nos hicieran. Hacer aquellas cosas que sabemos no redunda en la gloria de

        Dios, como: el uso excesivo de adornos de oro y vestidos costosos.

        El tomar parte en diversiones que no pueden permitirse en el nombre del Señor Jesús. Las canciones y la lectura de libros que

        no tienden al conocimiento o al amor de Dios.

        Complacencia o extremada indulgencia de sí mismo.

        Acumular tesoros sobre la tierra.

        Pedir prestado sin tener la probabilidad de poder pagar, o tomar efectos a crédito sin la misma probabilidad.   

   

    b). Practicando el bien siendo en todo misericordiosos según sus fuerzas y según tengan oportunidad, haciendo toda clase de

        bien hasta donde fuere posible, a todos los hombres:

        A sus cuerpos según su habilidad que Dios le haya concedido, dando de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, visitando

        y socorriendo a los enfermos y a los presos.

        A sus almas, instruyendo, reprendiendo y exhortando a todos aquellos con quienes tienen trato, hollando bajo sus plantas

        aquella doctrina fanática de que “no tenemos obligación de hacer bien a no ser que nuestro corazón nos lo dicte”

        Haciendo bien especialmente a los que pertenecen a la familia de la fe, o a los que anhelan pertenecer a ella; dándoles la

        preferencia en los empleos, comprando los unos de los otros.

        Ayudándose mutuamente en los negocios; tanto mas que el mundo a los suyos ama, y a los suyos únicamente.

        Practicando toda diligencia y frugalidad posibles a fin de que el evangelio no sea vituperado. Corriendo con paciencia la carrera que

        les es propuesta, negándose a sí mismos tomando diariamente su cruz; listos a sufrir los peores reproches por causa de Cristo y a

        ser como la basura y la hez del mundo; y esperando que los hombres digan de ellos toda clase de mal por causa del Señor,

        mintiendo.


    c). Asistiendo a todas las ordenanzas de Dios tales como:

        El culto público a Dios.

        La dispensación de la Palabra, ya leída o explicada.

        La Cena del Señor.

        La oración privada y de familia.

        El escudriñar la Sagrada Escritura.

        Y el ayuno o abstinencia.

       

Art. 32. Estas son las reglas generales de nuestras sociedades (Iglesias); todas las que Dios aún en su Palabra escrita, que es la única y suficiente regla tanto de nuestra fe como de nuestra vida nos manda observar. Y sabemos que en los corazones verdaderamente despiertos, el Espíritu las imprime todas. Si alguno entre nosotros hay que no las obedece o quebranta habitualmente alguna de ellas, sépanlo aquellos que vigilan dicha alma, como quiera que han de rendir cuenta de ella. Lo amonestamos respecto a lo errado de su camino; por algún tiempo tendremos paciencia con él, mas si después de esto no se arrepintiere, no tendrá ya lugar entre nosotros; y habremos librado nuestras almas. Nuestra norma final debe ser Mateo 18:15-17.